Del miedo al arte: Mi camino en la marinera

Todo Simplemente Sucede
Siempre me decían que las cosas llegan a su tiempo, que para descubrir lo mejor se debe esperar con paciencia, porque al final todo simplemente sucede.
Creo que tenían razón, la vida te da muchas sorpresas. La mía fue enterarme de que en pocas horas iba a asistir a una clase de karate, para poder dejar de ser la niña tímida de la escuela que no le gustaba salir a los recreos como los demás niños. Recuerdo ese sentimiento de miedo y preocupación, por saber cómo iba a hacer esta clase y sobre todo si encajaría en este nuevo grupo.
Al entrar a la academia lo primero que vi fue como los padres de los alumnos observaban felices y orgullosos a sus hijos que claramente estaban empezando a entrenar. Ni bien empezó la clase el profesor comenzó a hablar enérgicamente y dar indicaciones firmemente, en ese momento me di cuenta de que el karate no era mi destino, algo que te gusta no te da miedo y menos ganas de huir del lugar.
Cuando les comenté a mis padres mi incomodidad, fueron muy comprensibles, sin embargo, me preguntaron si quería entrar a la siguiente clase que venía: Marinera. Marinera empezaba con M de Muy bueno, así que por qué no probar. Esperamos a que terminara la clase de Karate y nos acercamos a preguntar quién era la profesora de marinera. El profesor de karate era el único en la secretaría, así que le preguntamos a él. Cuando nos dijo que él era el profesor de marinera, inmediatamente creí que esta nueva clase iba a ser igual que la clase de karate. Con una mirada le dije a mi padre que no quería entrar, al parecer el profesor se dio cuenta y me dijo: En el karate se necesita ser fuerte y decidido, pero, en cambio, en la marinera se debe ser elegante y artista.
Al parecer estas cortas palabras del profesor me dieron seguridad, algo dentro de mí, me dijo, es tu destino, sin pensarlo dos veces entre a esta clase que cambió mi vida en un instante. Sin darme cuenta, la niña tímida de 6 años había desaparecido y se transformó en una niña segura que le gustaba salir a los recreos para jugar con sus amigos.
Hace unos días, vi como mis padres me observaban con un brillo en sus ojos, como observaban los padres de los niños del karate hace unos años, me di cuenta de que estaban muy orgullosos de mí, no por los premios que gané con mi arduo esfuerzo, sino por como crecí como persona y me convertí en una mejor versión de mí. Es cierto, lo mejor siempre se debe esperar con paciencia porque todo al final llega.

La marinera me regaló, momentos de victoria, derrota, sacrificio, lucha y perseverancia, pero también me regaló una familia. Mi familia marineristica. Gracias, marinera, por convertirme en lo que soy ahora.

Una joven escritora peruana apasionada por el arte, la creatividad y la expresión a través de las palabras.

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